ELECCIÓN DEL MACHO PARA TENER CACHORROS

Cuando nos referimos a la crianza de un cachorro de perro no nos referimos sólo a ayudarlo a nacer, sino que también nos debemos ocupar de su alimentación, crecimiento y educación; un arte complicado que requerirá, en primer lugar, de mucha atención hacia el perro, y luego espíritu de sacrificio y asumir una serie de gastos. En este artículo trataremos la parte correspondiente a seleccionar un macho para tener una descendencia sana, en el supuesto que tengamos la intención de que nuestra perrita tenga descendencia.

No obstante, antes de plantearnos tener un perro debemos pensar si realmente estamos capacitados para tenerlo. Esto es, porque la primera condición indispensable para poder tener un cachorro es disponer de tiempo para él, luego se debe contar con una serie de gastos y responsabilidades que debemos asumir desde un primer momento. Además de estas dos condiciones, se debe cumplir con una muy importante que no se suele tener en cuenta: Se debe contar con el espacio suficiente para permitir que el cachorro tenga aire, luz y posibilidad de movimiento, y por último y no por ello menos importante, la seguridad de disponer de un ambiente adecuado para lograr que sea feliz.

Si deseamos pues que nuestra perrita tenga cachorros, debemos lo primero antes de nada, escoger un macho adecuado. La costumbre consiste en pagar la monta, con dinero o con un cachorro al cual el dueño del macho tendrá derecho a escoger en el plazo de los primeros 45 días tras el nacimiento de la camada. Es un deber moral conservar y si es posible mejorar la raza, para lo cual debemos escoger a un macho que presente el mayor número de caracteres de esa raza en cuestión, además debe ser fuerte y haber cumplido ya los 15 meses de edad.

La idea es minimizar las posibilidades de que los genes recesivos que provocan malformaciones o problemas serios de salud en algunos individuos pasen a la descendencia. Por otra parte, si se trata de razas de tamaño pequeño, el macho ha de ser siempre ligeramente más pequeño que la hembra, para evitar complicaciones en el parto. Por último, si nuestra perra tiene pedigrí (certificado genealógico), tenemos que asegurarnos de que el macho tenga también una acreditación oficial, si queremos garantizar que los documentos de ambos progenitores estén en regla, para que su descendencia pueda ser declarada como de pura raza.

Una vez que tenemos a ambos progenitores seleccionados, llega el momento del apareamiento. A este respecto, comentar que en general, la hembra alcanza la pubertad de manera muy precoz, de modo que en el 6º o 7º mes puede estar ya en celo. Para asegurarnos, podemos fijarnos en su vulva, la cual estará visiblemente hinchada y goteará sangre de la misma. Este goteo de la sangre dura unos diez días, haciéndose poco a poco más clara. Este período se denomina proestro, período el cual generalmente no es fecundo. El auténtico celo comienza el día 11 y se puede prolongar hasta el 15 y más. Es un proceso natural en el cual no se debe intervenir ya que la naturaleza debe seguir su curso. Llegados esos días, la hembra busca y acepta al macho, ofreciéndose al apareamiento y haciendo a un lado la cola. Como norma general, la perra no debe quedar preñada hasta su tercer celo (sobre los 2 años), momento en el cual estará completamente desarrollada físicamente para llevar a termine el embarazo.

Lo que debemos hacer para conseguir  que quede embarazada, es llevar la perra al macho y “presentársela” (y nunca al revés) apenas se observe que desaparece el flujo sanguíneo de la vulva (entre 10 y quince días), de manera que no se pierda tiempo, porque dejarlo para el último día es muy mala idea, ya que es más complicado y menos probable que quede encinta. Desde la clínica veterinaria María J. Cabeza, recomendamos realizar al menos un text de progesterona para determinar el día ideal de la monta.

Una vez que hayamos presentado la perra al macho, se  producen ciertos escarceos, que resultan divertidos, y tras ellos si la hembra acepta al macho (si le gusta), se produce la monta, que viene a durar media hora (en algunos casos hasta una hora).  Naturalmente se debe evitar separar los animales por la fuerza.

Una vez pasado el apareamiento el celo aún no desaparece (aunque la fecundación haya sido positiva).  Por ello, al pasearla, se debe evitar durante unos días, el contacto con otros machos, pues irán como locos hacia ella porque desprende un olor especial.

Es aconsejable, aunque no imprescindible repetir el apareamiento una segunda vez, porque los espermatozoides tienen una supervivencia suficientemente larga dentro del órgano femenino, por lo que pueden engendrar incluso cuando la ovulación se produzca algún tiempo después de la monta. No obstante, si se desea repetir el apareamiento se debe hacer un par de días después, dejando al macho descansar.

Si la perra no ha quedado preñada, volverá a estar en celo después de 5, 6 o 7 meses. Este ciclo se repetirá durante toda la vida de la perra, ya que ésta no sufrirá nunca la menopausia.

Tras este período vendrá el embarazo de la perra, tras el cual nacerán los cachorros que como hemos comentado al inicio de este artículo, deberemos seguir criando con responsabilidad y de manera adecuada. Más información en:

http://soyunperro.com/como-se-reproducen-los-perros/

Desde la Clínica Veterinaria María J. Cabeza, queremos aclarar que está información es de carácter general, teniendo cada embarazo y cada perrita sus tiempos y particularidades en todo el ciclo de la gestación de sus cachorros. Por eso, para que un embarazo llegue a termine sin contratiempos, os recomendamos el seguimiento adecuado del mismo por parte de nuestros especialistas veterinarios.