¿ENTENDEMOS A NUESTROS GATOS?

Es un hecho conocido, que la mayoría de las personas consideran a sus mascotas como miembros de la familia, hablan con ellos al menos una vez al día, y toman decisiones también en función del bienestar de su gato. Cuando  los propietarios  comentan que su mascota es como un hijo, están indicando que el gato satisface algunas de sus necesidades.  En general, los perros y gatos son vistos más como amigos íntimos, y la mayoría de nosotros  diría que perciben nuestro estado de ánimo.

Aunque no es algo malo que los dueños cuiden tanto a sus animales es importante mantener un equilibrio saludable. La relación propietario/mascota debe redundar en beneficio y placer para ambas partes y no exclusivamente en satisfacer las necesidades emocionales del propietario. Los factores que contribuyen a que un propietario esté muy apegado a su gato son muchos y muy variados, pero algunos como vivir solo, no tener niños o estar necesitado de apoyo emocional son  los principales.

Aunque los gatos lo que principalmente desean es seguridad, comodidad y un aporte continuo de comida fresca, también les preocupa tener pequeños períodos de excitación y diversión, seguido de largas treguas de acogedora inactividad. El concepto de gato como animal de compañía  es relativamente reciente, siendo hasta hace poco el perro la mascota por excelencia. Puesto que la tendencia actual, es de crecimiento de hogares con gato, es importante conocer como se comunica con nosotros este gran enigmático y curioso felino.

De esta manera, hemos comenzado a intervenir en su cría y reproducción, generando nuevas razas, todas ellas con sus peculiaridades, incluso la legislación de muchos países se ha tenido que adaptar a la nueva situación, de manera que muchas personas han ido aceptando el uso de correa para pasear a su gato. En España es muy raro ver esto aún, ya que los españoles aún no tienen asociada esa idea, si bien es cierto que las necesidades que tiene un gato difieren mucho de las que tiene un perro. Mientras que el perro necesita de forma obligatoria dar un paseo para hacer sus necesidades, airearse y de paso relacionarse con otros perros, el gato es una mascota de índole solitaria, de manera que el hecho de encontrarse con un gato desconocido le puede provocar estrés y no digamos si lo hace con un perro. No obstante muchos gatos disfrutan del paseo y si lo pensamos  es normal, porque es un ser vivo que necesita “ver mundo”. Sin embargo,  la gran mayoría de las personas relegan a los gatos a una existencia en el interior de sus hogares.

A pesar de que sabemos que los gatos van ocupando muchos hogares, seguramente nunca nos hayamos planteado cuales son las razones por las cuales disfrutamos conviviendo con el pequeño predador terrestre más eficiente del mundo. ¿A qué no? Pues veréis, en realidad las razones que nos impulsan a tener un gato como mascota son mucho más complicadas e interesantes de lo que alguna vez podríamos imaginar. Una de las razones, la principal, es que somos capaces de entenderlos y ellos a nosotros.

Los gatos se comunican entre ellos, cuando están de frente mediante diferentes posturas corporales, movimientos y posición de cabeza, orejas y cola. Algunos gestos son característicos, pero otros son tan sutiles que  a nuestros ojos pasarán  desapercibidos, así que tenemos que aprender a reconocer e interpretar el lenguaje corporal del gato. Cada vez que un gato hace algo lo hace por una razón específica, aunque a primera vista nos pueda parecer falto de sentido. La próxima vez que nuestro gato se nos acerque o intente llamar nuestra atención deberemos “pensar como un gato” antes de suponer que sabemos lo que nos está comunicando.

Los gatos también vocalizan y emiten varios sonidos por diferentes motivos: para saludar a sus dueños, para indicar su estado de ánimo, alertarnos de un potencial peligro o para pedirnos algo. También como advertencia para disuadirnos de hacer algo que no le agrada. Cuando el gato regresa a casa después de un paseo por el exterior a menudo emite un sonido particular para hacernos saber que ha vuelto a casa con una presa. Un “grrr” es un saludo amistoso, un sonido de bienvenida al dueño cuando llega a casa o cuando el gato vuelve del jardín. Si nos saluda educadamente, debemos corresponder con una respuesta  adecuada; que varía en función de la personalidad del gato, entre una escueta respuesta verbal o cogerlo en brazos para darle  un “achuchón”. Si no sabemos lo que el gato espera como respuesta, lo mejor es ver su reacción  y nunca forzarlo, para poco a poco  entablar una relación  creciente y de respeto  mutuo.

Lo más hermoso de la relación con nuestro gato reside en que funciona bastante bien a pesar de carecer de un lenguaje común. El gato puede estar pidiendo algo específico, nosotros malinterpretarlo, y aunque nuestra  respuesta no satisfará la petición del gato; asombrosamente, esto nunca parece suponer demasiado problema para el gato. Si el gato ha percibido que el dueño es receptivo seguirá intentándolo hasta que consiga hacerse entender. ¡Realmente son muy tolerantes con nuestra ignorancia!

 Gato comunicándose

Los gatos también aprenden nuevos comportamientos en el transcurso de estos episodios de comunicación infructuosa con nosotros. El aprendizaje es consecuencia de obtener consecuencias positivas tras determinadas acciones fallidas. La regla de oro, es no creer que cuando nuestro gato maulla, siempre significa que quiere comer.

El uso de la vocalización es un comportamiento que se aprende; si el gato maúlla y  a menudo obtiene una respuesta o gratificación de su dueño, entonces este comportamiento se repetirá. Algunos gatos emiten el mismo sonido independientemente de lo que pidan, pero intentan mostrarnos lo que quieren colocándose a nuestro lado y mirando directamente al propietario, o a aquello que desean obtener. Por ejemplo, si lo que intentan es alertarnos de un peligro, habitualmente maúllan mientras van de un lado a otro, normalmente de una ventana a otra  puesto que la posible amenaza se ha detectado en el exterior del hogar. Si se encuentran en las arenas encorvados, maullando y mirándonos,  nos quieren avisar de que algo no va bien y puede que el gatito esté obstruido.

Otras formas de comunicación habituales, son cuando el gato se frota como parte de su comportamiento de marcaje; con todo su cuerpo contra nuestras piernas, mientras nos saluda o espera que le pongamos su comida. El gato no espera respuesta a ese comportamiento y frecuentemente el propietario se siente confundido al interpretar que el gato solicita su atención y sin embargo lo rechaza  cuando se agacha para acariciarlo. Simplemente nos marca con las feromonas que desprenden las glándulas de sus mejillas. Normalmente los murmullos de tonos bajos de agrado, tales como el ronroneo y susurro, los identificamos como señal de satisfacción, placer y relajación.

Otra forma muy habitual del lenguaje corporal felino es cuando se tumba  “panza arriba” frente a nosotros. Este tipo de actitud generalmente indica una de estas dos cosas: el gato manifiesta que se siente seguro  y confía en su dueño o es una señal que entre gatos significa “Quiero jugar a pelear”. En ambos casos, extender la mano hacia su punto más vulnerable suele tener como respuesta que la atrapen, arañen, pateen y la muerdan.

Pero no sólo nos entendemos con ellos en el aspecto del lenguaje sino también en el comportamiento, al menos en rasgos generales. Esto es porque podemos entender que un gato descanse con frecuencia si es mayor,  pique comida entre horas, tenga su lugar concreto para ir al baño, le guste jugar a sus horas, a la par del  gusto por la actividad nocturna de muchos gatos tras pasarse aletargados todo el día y sentirse seguros teniendo todo controlado desde su altillo.  No obstante, también y todo hay que decirlo, no aprobamos otros aspectos del comportamiento, tales como cuando nuestro  gato araña los muebles de la casa, o se sube por las cortinas, e incluso marca orinando en las paredes o dentro del fregadero. ¿Comprendemos esos comportamientos? Mucha gente no, y piensa que lo hacen por molestar, llamar la atención o incluso por venganza por algún agravio. Tampoco comprendemos cuando el gato decide no enterrar sus heces (o decide no usar la bandeja de arena) y creemos que es por desidia.

La realidad es que estos comportamientos que no comprendemos son instintivos. Debemos entender que si nuestro gato frota su cara contra las paredes, las marca orinando o rasca los muebles, lo hace porque son animales territoriales y  como tales, marcan su territorio para sentirse cómodos y que ningún otro gato se entrometa en su espacio. Además el hecho de arañar cosas, lo hacen sobre todo para mantener las uñas y garras afiladas, como cazadores que son en la naturaleza.

Por tanto, si no queremos que arañe los muebles, tenemos que prepararle un objeto y lugar donde pueda utilizar sus uñas y enséñarle desde pequeño.  No obstante el gato es un animal que puede sufrir ansiedad y estrés, ante cualquier cambio en sus rutinas, y a veces, se comportan de esta manera por este motivo. Por ello debemos  estar especialmente atentos a esta posibilidad si hemos realizado cambios en nuestra casa últimamente.

Gato reposando en el sofá

Los gatos parecen ser muy inteligentes a la hora de identificar nuestras señales no verbales, especialmente si estas suponen un cambio en nuestro comportamiento habitual o si de alguna forma nuestra actitud les parece peligrosa. Como supervivientes solitarios en la naturaleza, los gatos necesitan ir un paso por delante cuando se trata de identificar una amenaza en su entorno más cercano. De alguna manera, por muy bien que intentemos fingir, los gatos intuyen cuándo estamos tratando de engañarlos. Los gatos siempre saben cuándo estamos preocupados o enfadados, porque sutiles cambios en nuestro lenguaje corporal dejan al descubierto nuestros verdaderos sentimientos.

El gato siempre conoce nuestras intenciones y nuestro estado de ánimo, así que no vale fingir con él. A la hora de darle el antiparasitario o coger orina para nuestro veterinario, el secreto consiste en convencerse a uno mismo de que no hay ningún problema, con lo cual pareceremos relajados y mucho menos amenazantes. Recuerda que nuestro lenguaje corporal nos delata.

Todos estos aspectos que no comprendemos de los gatos se deben a que los humanos  somos animales “de manada”, mientras que los gatos, como la mayoría de los felinos son cazadores solitarios. No debemos olvidar nunca que por instinto son predadores solitarios que disfrutan buscando su alimento y cazándolo. Por este motivo, pese a las  “maravillosas comodidades” que les brindamos, puede ocurrir que desaparezca inexplicablemente algo de la encimera de la cocina, o que nuestro amigo abandone el hogar por varios días, hasta que decida volver. Incluso pueden tener un mal día en el que cuando lo vayamos a acariciar, nos arañe. Los gatos son independientes, a diferencia de los humanos que demostramos el afecto con caricias y abrazos,  para ellos un exceso de estos puede ser una invasión de su espacio e intimidad. Una buena manera de manifestar el cariño y crear lazos de afecto con el gato  es dedicar algún tiempo a jugar con él. El juego imita el patrón de comportamiento asociado a la caza y captura, un comportamiento instintivo que llevan grabado en los genes del gato y que les resulta muy gratificante. Es un ejercicio físico y mental que parece crear adicción: cuanto más juega el gato, más disfruta del juego y más le apetece jugar.

Los gatos son animales de costumbres,  amigos de la rutina, con patrones definidos de actividad diaria que se desvían muy poco de su horario habitual. Es  muy poco probable que su gato tenga interés en jugar a media tarde si normalmente ese horario lo reserva para dormir o descansar, pero si su gato siempre tiene una “media hora loca” de hiperactividad a las 9 de la noche ese sería el  momento adecuado para planificar el juego. El horario de juego debe ser predecible para el gato para que pueda incluirlo en su rutina diaria de actividad. En realidad, el tiempo de juego no tiene porqué ser largo; de hecho lo recomendable es que sean periodos breves y frecuentes de actividad intensa. Juguetes tipo caña de pescar o láseres son ideales para un emocionante juego de persecución con nuestro amigo cuando llegamos a casa.

Para terminar os dejamos unas sencillas y prácticas reglas para complacer a vuestros felinos:

-El gato debe marcar el ritmo de la relación con nosotros, debe dar siempre el primer paso.

-No molestarle nunca cuando está dormido o descansando.

-Si nuestro gato está en un lugar elevado (por ejemplo en una estantería o en lo alto del armario), debemos hacernos los despistados e ignorarle, de esta manera respetamos su deseo de vigilar sin ser visto.

-El gato debe tener siempre su refugio, un área privada de descanso, que deberemos respetar y no invadir.

-No mirarles directamente, ni excedernos con las caricias, a los gatos les gusta sentir que pueden moverse con libertad, sin ser siempre el centro de atención.

En la clínica veterinaria María J.Cabeza llevamos 13 años tratando a nuestros gat@s. Visítanos y comprueba que nos entendemos “de maravilla” con ellos.

Nuestra clínica a tu servicio.  Si quieres saber más puedes leer este artículo: Sobre el comportamiento felino.