LA FORMA DE ACERCARSE DE UN PERRO

Un perro puede acercarse a un ser humano o bien a otro perro y la manera en la cual lo hace es bastante parecida, ya que se rige por el más puro instinto. Es muy interesante comprender como lo hace, para, si es necesario, saber cómo se debe actuar dado el caso.

- Cuando dos perros se aproximan, se miran uno al otro con los cuellos tendidos y sus cuerpos y colas rígidas. Además erizan su pelaje y lo que buscan es el contacto lateral. Una vez realizado dicho proceso instintivo, existen dos alternativas: Se pelean o se aceptan. En el caso de que se hayan aceptado, pasan a una segunda fase que es la de primero olisquearse el hocico, para posteriormente olisquearse la cola. El truco para saber si el acercamiento es “amistoso” y de esta manera evitar posibles desastres futuros es fijarse en la cabeza del perro, ya que cuando el acercamiento es educado su cabeza va a realizar un gesto especial. En esta “gesto educado” sus orejas están planas y se contraen de forma brusca, hasta tocarse de forma entrecortada. Las comisuras de los labios se levantan y se echan hacia atrás.  Si tenemos  un perro pequeño y se acerca un perro grande, debemos dejarle hacer (altamente recomendable ya que nuestro perro ha de socializar sin importar su tamaño) o, en caso contrario, debemos coger a nuestro perro en brazos. Pero hay que tener muy claro que en ningún caso debemos gritar al perro para que se aleje, pues eso lo que provocará es que el perro ataque. En su lugar debemos hablar amablemente a ambos perros sin mirar nunca de frente al perro grande.

- Respecto al acercamiento de un perro hacia un ser humano es bastante parecido, pero existen sin embargo notables diferencias. En este caso concreto el perro olisquea la parte baja del pantalón y los pies, demorándose en ellos si la persona abordada conserva el olor de otro perro. En el caso de que se nos acerque un perro desconocido, lo mejor es que permanezcamos con los ojos en el horizonte, muy tranquilos, relajados, con nuestros brazos y hombros caídos. En este momento, pese a que el perro se nos haya acercado, debemos esperar a comprobar si el perro manifiesta deseo de contacto (especialmente cuando mueve su cola), y sólo en este caso, podremos acariciarle hablándole amablemente. Debemos tener en cuenta que si no respetamos esta regla básica, es muy probable, que tarde o temprano nos muerda un perro.

Otra cosa que no debemos hacer, y esto es muy frecuente en los hombres es inclinar el tronco hacia el perro. Este gesto lo entienden como una amenaza, y en su lugar debemos siempre doblar las rodillas y agacharnos como hacen frecuentemente las mujeres ante un perro, y debido a esto, suelen ser muchas menos veces víctimas de la mordedura de un perro.

-Además de estos puntos, también hay ciertos aspectos que pueden provocar de forma involuntaria a un perro y ocasionar que éste se ponga en actitud agresiva, siendo muy posible que nos muerda:

-Si llevamos una gorra con una gran visera.

-Peinados con mucho volumen en la frente.

-Llevar gafas de sol.

-Si la persona tiene miedo a los perros.

-Personas que emiten gritos agudos.

-Despertar de repente a un perro.

-Darle una sorpresa de cualquier tipo demasiado brusca.

 

Y muchos factores más. En algunos casos, sin embargo, el perro es “feroz” por múltiples causas, pero generalmente porque su dueño lo ha “mal educado” de manera que es un perro acostumbrado a mandar o a atacar. La culpa no es en absoluto del animal y siempre la responsabilidad recae íntegramente en el dueño. Según el artículo 1905 del Código Civil, se dispone que: «El poseedor de un animal o el que se sirve de él, es responsable de los perjuicios que causare, aunque se le escape o extravíe. Sólo cesará esa Responsabilidad de propietarios de animales en el caso de que el daño proviniera de fuerza mayor o culpa del que lo hubiera sufrido.», casos en que se demuestre p.ej, que el agraviado provocase al animal.

 

-Cómo defenderse del ataque de un perro:

En estos casos, pese al respeto máximo por los animales, prima la defensa de la persona que está siendo atacada. Por ello, lo primero es tratar de forma urgente de mantener la distancia respecto con el perro, tratando de apaciguarlo hablándole de forma amable pero imperativa, pero si esto no funciona debemos buscar algún objeto para defendernos. Por ejemplo, la tapa de un cubo de basura con la cual no nos quedará más remedio ante un perro “feroz” que golpearlo con violencia. Otra forma, si somos ágiles, es hacernos a un lado y darle una patada con la puntera del calzado detrás de las costillas, de manera que es muy probable que no devuelva el ataque. Por otro lado si el perro salta hacia nuestro cuello (muy peligroso este ataque), debemos propinarle un puñetazo lo más hondo posible en la garganta, ya que de esta manera podrá arañarnos con sus dientes pero no mordernos, de manera que es probable que el perro no repetirá su “peligroso ataque”.

 

Estos consejos son ejemplos que os damos en caso de la necesidad de supervivencia del ser humano, pero debemos decir que los perros son nobles por naturaleza, y estos casos se dan solo en perros que hayan sido adiestrados y mal educados para atacar. Por tanto hemos de insistir en que la responsabilidad en estos casos es siempre del dueño que lo ha mal educado y no del perro que actúa por instinto. Todo propietario de un animal doméstico, perro, gato, caballo, burro, etc., responderá civilmente de los daños que éstos ocasionen a terceros, bien físicamente o a las propiedades que colindaren. La responsabilidad siempre se atribuye al poseedor cuando el animal cause perjuicios, cualquiera sean las circunstancias e incluso en supuestos en los que se escape o extravíe. La sola excepción es la culpa del perjudicado o la fuerza mayor.

Ataque de perro