PARVOVIRUS CANINO

La parvovirosis es una de las causas más frecuentes de diarreas infecciosas en perros, sobre todo en cachorros de menos de 6 meses.

Está causada por el Parvovirus Canino, un pequeño virus que depende de células que se dividen rápidamente, como las del intestino delgado, para poder vivir. Además, es muy contagioso y resistente en el ambiente, pudiendo transmitirse a través de la materia fecal contaminada o incluso a través de seres humanos, instrumentos o insectos y roedores que actúen como vectores.

Se trata de una enfermedad que puede surgir en cualquiera de nuestros animales, sin importar la raza, edad o sexo. Pese a esto, existen animales con mayor índice de riesgo, como los cachorros de entre seis semanas y seis meses, o razas como Rottweiler, Doberman, Labrador Retriever o Pastores Alemanes entre otros.

De la misma forma que ocurre con otros virus, existen varias cepas de este parvovirus (PVC-1, PVC-2a, PVC-2b o PVC-2c). La más extendida es la cepa PVC-2, la cual se propaga efectivamente a través de una exposición oronasal o a través de materia fecal contaminada. Una vez en el organismo, el virus viaja a través de la sangre hacia las criptas intestinales y después hacia la punta de las microvellosidades del intestino. Las células de esta zona del intestino se recambian con mucha frecuencia (entre 1 y 3 días), por lo que son las células idóneas para la supervivencia del virus en el organismo de nuestros animales. La replicación del virus en estas células provoca una alteración en el recambio de las mismas, provocando el acortamiento de las microvellosidades. Además, las infecciones graves suelen causar un compromiso inmunológico que puede favorecer la aparición de infecciones bacterianas secundarias, paso de estas bacterias a la sangre y trastornos de la coagulación.

Por otra parte, el PVC-2 tiene un tiempo de incubación variable (entre 7 y 14 días), pero puede ser excretado incluso al tercer o cuarto días, hasta un máximo de siete a diez, desde la exposición, por lo que puede transmitirse incluso antes de que presente los signos clínicos de la enfermedad.

Estos signos clínicos suelen ser de carácter gastrointestinal (diarrea sanguinolenta y olor muy desagradable, aunque no todos presentan este tipo de diarrea). Además, es posible que no todos los signos clínicos de la enfermedad estén presentes a la vez. Uno de ellos es el descenso de glóbulos blancos que, aunque no se de en todos los perros, es un buen indicativo de la gravedad y la situación de la enfermedad.

El diagnóstico de la enfermedad se puede realizar mediante diversos métodos, como pueden ser pruebas de antígenos (ELISA) o PCR. Debemos tener cuidado en el diagnóstico de esta enfermedad ya que tiene un tiempo de liberación corta y las propias vacunas pueden provocar falsos positivos.

El tratamiento de la Parvovirosis se basará en restaurar el equilibrio electrolítico de nuestros animales y evitar que se produzcan infecciones bacterianas secundarias mediante tratamientos antibióticos para fortalecer el sistema inmune de nuestra mascota y permitirle luchar contra la enfermedad. Tras la disminución de los signos gastrointestinales, debemos desparasitar a nuestros animales.

Existen multitud de protocolos de vacunación efectivos contra la parvovirosis. Es de especial interés valorar las posibles interacciones con los anticuerpos que la madre de nuestros cachorros aporta a estos para decidir cuándo iniciar estos protocolos vacunales. Si la madre se encuentra en zonas con una alta incidencia de Parvovirosis provocará que la transferencia de anticuerpos sea alta y debamos posponer la vacunación hasta que estos títulos de anticuerpo se reduzcan en nuestros cachorros. Como esto no siempre es posible, se recomienda comenzar la vacunación a una edad de 6 semanas, para realizar revacunaciones cada 2-3 semanas y, seguidamente, realizar recuerdos anuales tanto del Parvovirus canino, como de otras enfermedades infecciosas como el moquilllo, la hepatitis infecciosa canina o la rabia (dependiente de la legislación autonómica). No debemos olvidar la necesidad de revacunar a nuestros perros cada año ya que la concentración de anticuerpos, necesaria para garantizar una protección duradera, se va a ver reducida periódicamente.

Así pues, la vacunación es una de las medidas más importantes para garantizar la buena salud de nuestras mascotas. Esta permitirá, a los más jóvenes, disponer de las defensas necesarias para combatir la enfermedad y, a los más mayores, a mantener niveles eficaces de inmunidad. Además, junto a la Parvovirosis Canina, existen formulaciones que nos permiten realizar vacunaciones conjuntas para otro tipo de virus en la misma inyección.

 

 

 

 

 

 

http://www.virology.wisc.edu/virusworld/PS10/cpv_canine_parvovirus.jpg        http://mariacabeza.com/hospitalizacion-uci/